El Sr. Thompson se presentó
Cuando el Sr. Thompson, nuestro abogado, entró para leer el testamento, la sala se sumió en un silencio absoluto. Tras un breve saludo cortés, el ambiente se volvió inmediatamente más solemne, y con voz clara preguntó: “¿Empezamos?”. Mis ojos se posaron en Emily y Tom, sentados enfrente, con rostros impenetrables como máscaras, y sentí que mis nervios se tensaban mientras Thompson ordenaba los papeles. Contuve la respiración, dispuesta a escuchar las últimas palabras de mi marido.

El Sr. Thompson se presentó
Manos nerviosas
Sentados uno frente al otro, Tom y Emily intentaban mantener una aparente compostura, pero las manos de Emily delataban su agitación: retorcía nerviosamente el encaje de su vestido alrededor de los dedos, en marcado contraste con la calma que quería mostrar. Mi corazón se aceleró, sin saber si atribuir aquel gesto a simple nerviosismo o a algo más oscuro. En ese momento, Lisa me apretó la mano, anclándome con un mensaje silencioso: “Lo afrontaremos juntas”.

Manos nerviosas

