La mirada reservada de Tom
Miré a Tom al otro lado de la habitación, esperando encontrar en él un vínculo en nuestro dolor compartido, pero parecía distante, con la mirada perdida en su bebida. Cuando le pregunté si se encontraba bien, respondió evasivamente que tenía demasiados pensamientos en la cabeza, sin establecer nunca contacto visual conmigo. Aquella frialdad no hizo más que aumentar mi ansiedad, y la risa de Emily siguió atormentándome: lo que fuera que ambos llevaban dentro parecía demasiado pesado para dejarme en paz.

La mirada confidencial de Tom
La risa humillante
La risa de Emily en el funeral seguía persiguiéndome, consumiendo los bordes de mis pensamientos, mientras que todos los demás parecían haberla ignorado, como si nunca hubiera ocurrido. Para mí, sin embargo, era el elefante en la habitación. Así que me acerqué a ella mientras conversaba con unos primos y, con auténtica preocupación, le pregunté si todo iba bien. “¡Oh, sólo nervios!”, respondió con ligereza, y la impecable sonrisa que mostraba ocultaba algo que intuí claramente bajo la superficie.

La risa humillante

