Molestando a su mente
Era incapaz de quitarse de la cabeza la imagen del enorme y extraño nido, por mucho que intentara concentrarse en algo diferente. Se masajeó las sienes en un esfuerzo por despejarse. Se acomodó en el asiento con la esperanza de que aquello le ayudara. Fijó la mirada en la pantalla del televisor, que en ese momento estaba en blanco, y murmuró en voz baja para sí: “¿Qué eres?”

Molestando a su mente
A la cama
Al final, John consiguió reunir la fuerza de voluntad necesaria para terminarse el té y apagar el televisor. No le convenía darle demasiadas vueltas a la situación. Ya había guardado el objeto bajo llave en el cobertizo, y nada iba a manipularlo en el transcurso de la noche. Dejó escapar un suspiro que parecía provenir de lo más profundo de su alma, y llegó a la conclusión de que ya era hora de descansar.

A la cama

