Arriesgando la garganta
El Sr. Thompson enderezó los papeles que tenía delante y tosió ligeramente, un sonido destinado a llamar la atención de cualquiera que estuviera perdido en sus propios pensamientos. “Señoras y señores”, exclamó con voz firme, captando de inmediato todas las miradas de la sala. Su presencia irradiaba calma, una constante tranquilizadora en aquel día agitado. Las voces se apagaron por completo, dejando sólo en el aire la creciente tensión de la expectación. Me incliné hacia delante, con el corazón agitado, dispuesta a escuchar las últimas palabras que James había querido dejarnos.

Arriesgando la garganta
Los deseos de James fueron compartidos
Mientras el Sr. Thompson hablaba, se me escapó una leve sonrisa. “James quería que supieras lo importante que eras para él”, dijo en un tono cálido y sincero, y en aquellas palabras volví a ver al hombre que había amado: cariñoso, excéntrico y siempre dispuesto a anteponer a los demás a sí mismo. Por un momento me sentí reconfortada, como si su personalidad se filtrara a través del lenguaje formal del abogado. Era casi como si James siguiera allí con nosotros, guiándonos con su suave mano.

Los deseos de James eran compartidos

