Entrando en el claro
Y Landon tenía razón. Cuando bajó del jeep y entró en el claro, sus ojos se abrieron de par en par, asombrados. Pero ese asombro se transformó rápidamente en otra cosa: una sensación inquietante y espeluznante que le recorría la columna vertebral. Ni en un millón de años había esperado tropezar con algo así en medio de un bosque remoto. Lo que había confundido con extrañas formaciones de piedra a través de la cámara de su dron era, en realidad, algo mucho más extraño: cientos de camiones abandonados, en un inquietante silencio y abandonados a su suerte.

Entrando en el claro
Cadenas de metal grueso
Mientras Landon se adentraba con cautela en el inquietante laberinto de camiones abandonados, buscando su dron, le asaltó una pregunta persistente: ¿cómo habían llegado hasta aquí? No había ninguna carretera a la vista, y el terreno accidentado hacía casi imposible que hubieran entrado vehículos tan enormes. Cuanto más se adentraba, más inquietante le resultaba. Entonces, algo le llamó la atención. Se detuvo y miró más de cerca: todos los camiones estaban cerrados con gruesas cadenas metálicas. Un escalofrío le recorrió la espalda. Fuera lo que fuese lo que había dentro, alguien había hecho todo lo posible por mantenerlo allí.

Cadenas de metal grueso

